mercredi 7 janvier 2026

Marruecos–Israel: coordinación militar entre dos Estados comprometidos en guerras coloniales

 

SOLIDMAR, 7-1-2026

La publicación de los resultados de la tercera reunión del comité militar mixto marroquí-israelí, celebrada recientemente en Tel Aviv, no constituye un mero ejercicio burocrático de cooperación en materia de seguridad. Revela, por el contrario, la banalización de una alianza militar entre dos Estados comprometidos en dinámicas de dominación colonial, uno en Palestina y el otro en el Sáhara Occidental.


Presentada como la “firma reciente de un plan Marruecos–Israel para 2026”, esta etapa no corresponde a un tratado formal ni a un acuerdo militar de gran alcance. Se trata de un documento de programación, que consolida la continuidad de los mecanismos ya existentes de cooperación: reuniones entre estados mayores, intercambios de experticias, visitas a unidades militares y a industrias de defensa. En otras palabras, una hoja de ruta técnico-militar, discreta en la forma, pero políticamente cargada de significado.

Un plan de continuidad, no un acto neutral

La ausencia de referencias explícitas a entregas de armamento se presenta como prueba de moderación. Sin embargo, esta prudencia semántica no debe ocultar lo esencial: el plan 2026 institucionaliza a largo plazo una cooperación militar con un Estado acusado de crímenes de guerra, limpieza étnica y de imponer un régimen de apartheid, precisamente cuando la guerra contra Gaza alcanza niveles de destrucción sin precedentes.

El carácter supuestamente “profesional” y “técnico” de los intercambios invocados responde a una estrategia deliberada de despolitización, cuyo objetivo es separar la cooperación militar de las realidades coloniales que, en los hechos, contribuye a sostener.

Dos guerras coloniales, una misma lógica securitaria

Israel lleva a cabo una guerra colonial abierta contra el pueblo palestino, basada en la ocupación, la colonización y la violencia sistémica. Marruecos, por su parte, mantiene una política de control territorial y represión política en el Sáhara Occidental, en violación del derecho a la autodeterminación reconocido por las Naciones Unidas.

En este contexto, la cooperación militar entre Marruecos e Israel no puede considerarse un asunto bilateral neutro. Se apoya en una comunidad de prácticas y doctrinas de seguridad, forjadas en la gestión coercitiva de poblaciones colonizadas. Intercambio de experticias, visitas a industrias de defensa, desarrollo de capacidades militares: todo ello forma parte de un aprendizaje mutuo de la dominación.

Argelia como coartada, Palestina como variable sacrificable

El discurso que rodea el plan 2026 moviliza implícitamente el factor argelino, presentado como la principal fuente de tensiones regionales. Esta escenificación permite eludir la cuestión palestina y reducir la cooperación con Israel a un cálculo geopolítico defensivo.

La ausencia de anuncios sobre ventas de armas israelíes a Marruecos apunta sobre todo a desactivar cualquier reacción argelina que pudiera complicar el expediente del Sáhara Occidental en el Consejo de Seguridad. Palestina queda así relegada al papel de variable de ajuste diplomático, sacrificada en nombre de los equilibrios regionales y de los intereses estratégicos.

Normalización securitaria contra la opinión pública

La continuidad de esta cooperación, en plena guerra contra Gaza, pone de manifiesto un creciente desfase entre la línea oficial del Estado marroquí y una parte significativa de su sociedad, donde se multiplican los llamamientos a romper con Israel.

Lejos de ser un documento anodino, el plan Marruecos–Israel para 2026 marca una nueva etapa en una normalización securitaria asumida, llevada a cabo sin debate público, sin control democrático y en abierta contradicción con los principios del derecho internacional y las luchas anticoloniales.

Al ampararse en el lenguaje de la cooperación técnica, Rabat y Tel Aviv consagran una alianza entre dos Estados que comparten una misma visión: la seguridad como instrumento de gestión colonial y la fuerza como respuesta a las reivindicaciones de los pueblos.

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