2-M | 5º aniversario de la movilización en Madrid por los presos políticos saharauis: cinco años sin respuestas

El próximo lunes 2 de marzo se cumplen cinco años de concentraciones semanales ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, en la Plaza de la Provincia (Madrid), para denunciar la situación de los presos políticos saharauis encarcelados en Marruecos y exigir al Gobierno español que asuma su responsabilidad política y jurídica ante esta vulneración continuada de derechos fundamentales.

https://noteolvidesdelsaharaoccidental.org/2-m-5o-aniversario-de-la-movilizacion-en-madrid-por-los-presos-politicos-saharauis-cinco-anos-sin-respuestas/ 

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samedi 17 janvier 2026

Trump, pourquoi le Maroc ?

Sabrina El Faiz, actumaroc, 16/1/2026


On ne vit plus dans les années 90 et Casablanca n’est plus en noir et blanc. Mais Trump semble déterminé à ramener le monde à cette période. L’époque glorieuse des USA, quand le monde ignorait encore le futur bondissement de la Chine et de la Russie. En ouvrant ses volets le matin, Trump ce qu’il veut voir, c’est un continent pauvre où les Africains rêvent tous de s’enfuir vers l’Amérique en pagaille, où le Maroc serait un gigantesque sas migratoire prêt à déverser des milliers de candidats sur la terre promise.

Alors on va éclaircir un point. Les Marocains d’aujourd’hui ne partent plus errer vers « un meilleur lendemain » avec une valise en cuir et trois adresses griffonnées. S’ils partent, c’est avec des diplômes, des offres d’emploi, des admissions universitaires, des compétences qui valent plus cher que les crises de Trump. Le Marocain n’émigre plus pour survivre, il part pour évoluer.

Et pourtant, voilà que Trump décide de geler les visas d’immigration pour 26 pays africains, Maroc compris. Comme si le pays regorgeait de candidats prêts à traverser l’Atlantique pour aller quémander la green card. Ce n’est pas comme s’il s’agissait du pays le plus sûr au monde niveau sécurité !

Le Maroc n’a jamais été un fournisseur massif d’immigrants pour les États-Unis. Nos flux se dirigent plutôt vers l’Europe et de plus en plus vers le Canada. En arabe « chkoun li daha fik a Trump ? »

Alors pourquoi nous mettre dans cette liste ? Par réflexe pavlovien ! Par ignorance crasse des réalités africaines. Parce que dans la tête de Trump, l’Afrique est une caricature de pauvreté.

Trump peut bien fermer la porte, le Maroc ne la forçait pas à la base !




dimanche 21 décembre 2025

Marruecos, ¿un país bajo ansiolíticos?

En las calles, los hogares, las escuelas, las oficinas… Desde la pandemia, los antidepresivos avanzan a dos dígitos, los ansiolíticos (legales o no) se convierten en el «solucionismo exprés» de un país estresado hasta los huesos. ¿El verdadero problema? Un sistema de salud mental infrafinanciado, subregulado, subestimado, donde la pastilla reemplaza la escucha. Inmersión en la epidemia de un burnout (desgaste, agotamiento) nacional.

Sabrina El Faiz, lebrief.ma, 13/12/2025
Traducido por SOLIDMAR

Original françaisالنسخة العربية 

Con un libro de desarrollo personal en la mano, nos dirigimos a un psiquiatra con consulta en una zona céntrica de Casablanca. La sala de espera parece una peluquería un sábado por la tarde. Demasiada gente, no hay suficientes sillas. Apenas son las 9:42 y ya hay doce personas. El psiquiatra aún no ha llegado, pero ya hay doce urgencias sobre la mesa. Doce historias. Doce vidas.

En el centro, una mujer de unos cincuenta años, apretando el brazo de un joven de ojos cansados. Habla alto, deliberadamente alto, como para protegerse del malestar general. “Es mi hijo. Está pasando, una mala racha. El divorcio, todo eso. Ya saben cómo es”. Se dirige a todos a la vez y a nadie en particular. Sin embargo, nadie le ha preguntado nada.

Su tono tiene algo de fanfarrón, como si hablar sin filtros anulara su vergüenza de estar allí.

Un hombre con vaqueros mal ajustados, de pie cerca de la terraza, interviene inmediatamente. Cuenta, sin que se lo pregunten, que su mujer “le ha hecho vivir el infierno”. Debió sentir una conexión con ese joven destruido por el divorcio, quien, aún en silencio, demuestra claramente su rechazo a estar allí o a compartir lo que sea con este nuevo público improvisado.

Hoy, continúa el hombre de los vaqueros, ella pide el divorcio y la custodia de los niños. “Quiero que el doctor la declare inhábil. ¿Se imaginan? ¡Está loca! ¡Totalmente inestable!”

Silencio. Nadie se atreve a decirle que este psiquiatra no tiene ni vocación ni derecho de asignar menciones de «inhabilidad parental» a una persona ausente. Cuando salga de la consulta, 400 dirhams [=40€] más tarde, quizás lo haya entendido. Quizás.

Un poco más allá, otra madre, pero sola. Su bolso contiene un gran expediente, probablemente médico. Explica que su hija de 15 años atraviesa un período peligroso desde la pérdida de su padre. Habla en voz baja. Dice simplemente que su hija se hace daño. Nadie comenta. Todo el mundo lo entiende.

La mirada del hombre de los vaqueros se posa sobre otro joven, como para poner fin al silencio incómodo y dar la palabra a otro personaje. Uno se creería en un remake de Alcohólicos Anónimos.

“Yo solo he venido a buscar una baja. No puedo más”, dice el joven de unos treinta años. Sonríe, avergonzado por su propia confesión frente a los problemas que acaba de oír. Seguro pensaba que esta frase aliviaría el ambiente. Pero en realidad, y quienes ya han pasado por ello lo saben, esta sonrisa y este desplazamiento no son anodinos. En él se ve el agotamiento normalizado de su camisa arrugada, el burnout que se instala en su cabello que se cae, la depresión que se posa en ese rostro que, hasta ayer, solo tenía treinta años.

Lo que ignora es que este trámite que minimiza es en realidad el primer paso de una forma de aceptación, una señal de que ya ha cruzado la barrera que tantos marroquíes, ellos, no cruzan.

Porque la mayoría nunca llega hasta allí. Prefieren la automedicación, el farmacéutico compasivo, la receta reciclada, el primo médico, la caja «que me recomendaron».

En un país donde la salud mental sigue siendo demasiado tabú, demasiado cara, demasiado escasa… venir a sentarse aquí, en esta sala a reventar, ¡es ya un acto de valentía en sí mismo!

La secretaria abre la puerta.

“Sr. Karim El…?”. ¡Nombre y apellido! ¡El anonimato es un mito en este club! Pero nadie protesta. Quizás porque en el fondo, cada uno sabe lo que todos tenemos en común: la fatiga, la angustia, el peso del día a día y ese extraño deseo de aguantar un poco más, aunque todo a nuestro alrededor nos arrastre hacia abajo.
El psiquiatra recibirá a los pacientes uno a uno. Escuchará, tomará nota, explicará, a veces recetará. En Marruecos, el sufrimiento psíquico ha encontrado su lugar de cita, al no haber encontrado, por ahora, una política pública a su altura.

Ansiolíticos: lo que cuentan las cifras

Si el burnout está relativamente anclado en el vocabulario de los marroquíes, la psiquiatría no lo está necesariamente. Nadie puede afirmar nada y con razón, el acceso a datos fiables sigue siendo un recorrido del combatiente. El país no tiene un registro nacional consolidado del consumo de ansiolíticos, ni una base pública que permita analizar línea por línea los volúmenes vendidos, ni una actualización anual de la prevalencia de trastornos psiquiátricos. Hay que jugar con las fuentes institucionales, los informes internacionales, las publicaciones universitarias y los datos consolidados por la OMS. ¡Para pillar otro burnout!

Toda broma aparte, según una encuesta nacional del Consejo Económico, Social y Ambiental (CESE), de 2022, más del 48% de las personas de 15 años o más ha sufrido o sufre aún síntomas de trastornos psíquicos, presentaban síntomas ansiosos o depresivos moderados. La cifra ha circulado mucho y prueba al menos que la angustia psíquica es masiva, aún más tras la pandemia.

“Este fenómeno no es exclusivo de Marruecos. En varios países donde se han realizado estudios, se ha observado un aumento del consumo de psicotrópicos desde el período Covid”, explica Abdelmajid Belaiche, experto del mercado farmacéutico y ex-DG de la AMIP, a LeBrief. Los especialistas saben que estos datos no son una anomalía.

“Y es bastante lógico: durante el confinamiento, parejas que ya vivían tensiones se encontraron encerradas juntas, sin escapatoria posible. Nada de café fuera, nada de salidas, nada de visitas a familiares... El Covid encerró a personas que no tenían necesariamente los recursos psíquicos para soportar esta proximidad permanente», continúa el especialista farmacéutico. “Añadan a eso la pérdida de empleo, la imposibilidad de salir, y la angustia permanente de no saber contra qué se lucha. Sin saber si se va a salir adelante. Todo ello ha tenido un impacto psicológico enorme”.

El impacto del Covid ha sido ampliamente estudiado. Los datos marroquíes recopilados entre el personal sanitario y publicados en L'Encéphale muestran que cerca de la mitad del personal de salud presentaba síntomas ansiosos o depresivos moderados a severos durante la pandemia. Estas cifras no concernían a la población general, pero es evidente que reflejaban el clima global de inseguridad y desamparo.

Revistas internacionales, en particular BMJ Global Health, indican que la pandemia provocó en los países de renta media un aumento de los trastornos de ansiedad de entre el 25% y el 30%. Marruecos no ha publicado su propia estimación, pero la OMS ha integrado al país en sus proyecciones regionales.

Las ventas de ansiolíticos

Los datos compilados por IQVIA en 2022 muestran un aumento continuo de los antidepresivos, un progreso importante de los antipsicóticos así como una estabilidad engañosa de los ansiolíticos, donde la automedicación y el mercado informal sesgan completamente las cifras.

“El mercado de los medicamentos psiquiátricos explota realmente. Todos lo constatamos. La llegada de las nuevas moléculas, ya sean antidepresivos o antipsicóticos, ha cambiado completamente las reglas del juego”, detalla Abdelmajid Belaiche.

IQVIA no publica los volúmenes exactos país por país (o al menos no de acceso libre al gran público), pero las tendencias regionales muestran que el Norte de África sigue la dinámica de los países de renta media con una aceleración de las prescripciones de ansiolíticos que deberían registrar un crecimiento del 2 al 5% hasta 2026, un ritmo similar al de los últimos cinco años.

El aumento del consumo de psicotrópicos en Marruecos se explica por varios factores que se entrecruzan. Primero, el impacto de la pandemia de Covid-19: el estrés colectivo, el aislamiento, las incertidumbres y los trastornos socioeconómicos han provocado un aumento de los síntomas ansiosos y depresivos. Esto se ha traducido en más demandas de atención... y por lo tanto en un aumento mecánico de las prescripciones.

También se observan más poliprescripciones y un recurso a tratamientos farmacológicos iniciados sin integrar sistemáticamente enfoques no farmacológicos como la psicoterapia o el acompañamiento psicosocial.

Las campañas de sensibilización, en particular a través de las redes sociales, han permitido, por su parte, un mejor reconocimiento de los trastornos psíquicos, animando a más personas a consultar. Esta dinámica es particularmente visible en adolescentes, jóvenes adultos y mujeres, cuyas tasas de prescripción aumentan y reflejan tanto transiciones de vida complejas como un mejor diagnóstico.

Finalmente, el contexto socioeconómico juega un papel importante: desempleo, precariedad, presión escolar o profesional debilitan la salud mental y favorecen las consultas. A escala internacional, la tendencia post-2020 es similar: en varios países, el consumo de psicotrópicos ha progresado, especialmente entre los jóvenes, debido a un «recuperación diagnóstica» y a un contexto post-Covid marcado. Esto ilumina dinámicas comparables en Marruecos», explica la Dra. Malki Zahira, psiquiatra y especialista en adicciones.

Si hay un aumento de las demandas de consulta por trastornos de ansiedad y depresión, también hay un aumento del uso de psicotrópicos en contextos no especializados y una saturación progresiva de las estructuras públicas.

Desafortunadamente, no todos los hospitales públicos tienen un software único, los psiquiatras de la sanidad privada aún anotan a mano y las farmacias no remiten automáticamente el consumo de medicamentos controlados. Por lo tanto, no se puede saber realmente nada del consumo de psicotrópicos en Marruecos.
Así que, para situar lo que ocurre en el país en el contexto mundial, hay que mirar las tendencias en países comparables.

Un informe de The Lancet Psychiatry de 2021 muestra que los países de renta media son aquellos donde el consumo de psicotrópicos aumenta más rápido desde 2010. Se identifican tres razones principales: una mejor identificación de los trastornos, una disminución progresiva del tabú y una ausencia de alternativas terapéuticas, en particular psicoterapéuticas. Estos tres elementos encajan perfectamente en el caso marroquí.

El estudio también subraya un fenómeno que los psiquiatras marroquíes confirman: el aumento de las prescripciones en jóvenes adultos. “Los médicos los prescriben ampliamente. Frente a estas novedades, las antiguas generaciones de antipsicóticos se han vuelto marginales, casi inutilizables. Es simplemente la dinámica normal de un mercado que evoluciona”, analiza Belaiche.

Esto también se explica por la precariedad económica, la presión social, la digitalización de las interacciones y un acceso muy limitado a servicios psicológicos en los establecimientos escolares y universitarios.

El efecto «primera consulta»

La “primera vez” tardía. Los pacientes llegan a las consultas tras años de síntomas, a menudo cuando los trastornos se vuelven incompatibles con el trabajo o con la vida familiar.

Sin hablar de los médicos generalistas que se convierten en prescriptores de primera línea. El consumo aumenta más rápido que la capacidad de los psiquiatras para absorber la demanda.

Marruecos enfrenta otro problema a menudo ausente de las cifras oficiales, el de la automedicación psicotrópica. Los ansiolíticos en particular son fácilmente desviados, entregados a veces sin receta en línea, o circulan en redes familiares, comunitarias o clandestinas.

Varios estudios universitarios subrayan una fuerte prevalencia del uso no médico de ansiolíticos en jóvenes adultos, en particular en medios urbanos, detalla el informe MedSPAD 2009-2010 “Uso de drogas en el medio escolar marroquí”. Estos trabajos mencionan el uso de benzodiacepinas para gestionar el estrés, el sueño o las crisis de angustia, sin seguimiento médico. Esto falsea literalmente todas las estadísticas.

Porcentaje de estudiantes que declararon conocer las diferentes sustancias © Informe MedSPAD 2009-2010

Más allá de este aumento coyuntural ligado al Covid, el mercado continúa desarrollándose a un ritmo impresionante. Los antipsicóticos y los antidepresivos están en pleno crecimiento. Los tranquilizantes, sin embargo, declinan. Las benzodiacepinas, Valium, Lexomil y otras, son adictivas. Es su principal defecto. Están superadas. Hoy se recurre a moléculas más recientes. Los hipnóticos, utilizados para trastornos del sueño, permanecen relativamente estables, pero es un mercado pequeño. Los verdaderos mercados que progresan fuertemente son los antipsicóticos y los antidepresivos. Y son los genéricos los que impulsan este crecimiento, ya que constituyen la mayor parte de la oferta”, explica Abdelmajid Belaiche a LeBrief.

Un sistema bajo tensión

Los psiquiatras marroquíes no son numerosos. “El número de psiquiatras en Marruecos ha aumentado. Sigue siendo insuficiente para un país de este tamaño, pero el progreso es real. Y su actividad no decae. Conseguir una cita se ha vuelto un recorrido del combatiente: las salas de espera están llenas de la mañana a la noche. Es la prueba de la demanda”, declara Belaiche. En 2019, según el Dr. Hachem Tyal, Marruecos solo contaba con 400 psiquiatras en ejercicio [=1 por 100.000 habitantes]. En comparación, la media europea ronda los 10 a 15 por 100.000 habitantes. Esta desproporción resume por sí sola las dificultades de acceso a los cuidados psíquicos en el país. El sistema está subdimensionado, mal repartido y enfrentado a una demanda creciente.

Marruecos dispone de una veintena de establecimientos públicos especializados en psiquiatría, pero su capacidad de acogida es limitada. Los hospitales generales poseen algunas unidades, a menudo saturadas. Los hospitales públicos absorben una gran parte de los casos complejos: trastornos psicóticos severos, hospitalizaciones bajo coerción, pacientes sin recursos. Pero estas estructuras trabajan a presión, a menudo sin medios suficientes. Los psiquiatras hospitalarios deben gestionar decenas de consultas al día, con muy poco tiempo para asegurar un seguimiento psicoterapéutico.

En resumen, el esquema es simple: Demasiados pacientes, muy pocos médicos, un sistema de acogida que reposa en la urgencia más que en la prevención.

Los seguimientos psicoterapéuticos se vuelven casi imposibles, la medicación toma por lo tanto a menudo el relevo, por falta de tiempo, por falta de psicólogos integrados en el sistema, por falta de estructuras alternativas.

Por otra parte, la psiquiatría liberal se desarrolla en las grandes ciudades, pero sigue siendo inaccesible para una parte importante de la población. Una consulta varía entre 300 y 500 dirhams [=28-47€] en los centros urbanos. Este precio solo concierne al acto inicial. El seguimiento, los controles, los ajustes medicamentosos, todo ello representa un costo para las familias.

Así que los psiquiatras se concentran en Casablanca, Rabat, Marrakech, Tánger y Fez. La región del Oriental, el Sur y varias provincias rurales están casi desprovistas de especialistas. Esta realidad empuja a los ciudadanos a consultar primero a un médico generalista, a menudo por defecto, antes de ser orientados o no hacia un especialista.

A falta de psiquiatras, los médicos generalistas se convierten en los primeros prescriptores de ansiolíticos, como se explicó antes. Esto no siempre es problemático; en muchos países, están formados para gestionar trastornos de ansiedad leves o moderados, pero la carga de trabajo y la falta de formación especializada pueden generar prescripciones rápidas, a veces sin evaluación psicológica profunda. “La prescripción de psicotrópicos ya no depende únicamente de los psiquiatras. Hoy está ampliamente compartida con los médicos generalistas, que a veces pueden presentar lagunas en materia de salud mental. Esta situación contribuye a un consumo más elevado, pero también a una cierta banalización, en particular en torno a las benzodiacepinas a menudo prescritas durante largos períodos”, nos confirma la Dra. Malki Zahira.

El análisis de 41 estudios en la revista Frontiers muestra que los antidepresivos son prescritos mayoritariamente por psiquiatras, pero también por otras categorías de prescriptores, lo que puede reflejar diferencias en las prácticas clínicas según los sistemas sanitarios.

Violencia conyugal, desempleo, precariedad: los amplificadores

Existe una fuerte correlación entre violencia conyugal y síntomas depresivos en las mujeres. Las condiciones laborales, el desempleo, la presión financiera y las situaciones familiares inestables alimentan la demanda de cuidados psíquicos.

El estudio “Study of sociodemographic profile and the prevalence of psychiatric disorders in women victims of violence by intimate partners consulting at Casablanca university hospital” [Estudio del perfil sociodemográfico y la prevalencia de trastornos psiquiátricos en mujeres víctimas de violencia por parte de sus parejas íntimas que acuden al hospital universitario de Casablanca] demuestra que la edad de las víctimas varía de 20 a 62 años, con una media de 35,14 años. También revela que el 54% de las mujeres concernidas son amas de casa, de las cuales el 80% gana menos que el SMIG (Salario Mínimo Interprofesional Garantizado). Por otra parte, el 42% dispone de un nivel de instrucción secundaria. La gran mayoría está casada (94%) y tiene de media 2,02 hijos.

Todas las pacientes han estado expuestas a violencia psicológica y física, mientras que el 82% ha sufrido violencia económica. Cerca de la mitad también reporta violencia sexual. En el plano clínico, el estudio pone en evidencia una prevalencia muy elevada de episodios depresivos mayores (88%), siendo los trastornos de ansiedad la segunda comorbilidad psiquiátrica más frecuente.

El sistema psiquiátrico, ya saturado, no puede responder a estas causas estructurales. Interviene al final de la cadena, a veces demasiado tarde.
Las urgencias ven pasar los casos más graves: descompensaciones psicóticas, crisis suicidas, episodios maníacos agudos... Los equipos están formados, pero su carga de trabajo sigue siendo elevada. Las urgencias no tienen como función asegurar el seguimiento, pero a veces se convierten en el punto de entrada, o el punto de retorno, de los pacientes.

Según la Dra. Malki Zahira, varios factores societales convergen hoy para alimentar el desamparo psicológico en Marruecos. Las presiones económicas están claramente a la cabeza: los estudios muestran que un estatus socioeconómico bajo, la precariedad o el desempleo aumentan fuertemente el riesgo de depresión y ansiedad. En un país donde una gran parte de la población vive en una inestabilidad financiera crónica, este estrés permanente se transforma a menudo en angustia psíquica duradera.

Se añaden desigualdades sociales y territoriales marcadas. El acceso a los cuidados de salud mental sigue siendo muy limitado, en particular en zonas rurales, donde la densidad de psiquiatras es extremadamente baja. Esta falta de recursos retrasa la atención y aumenta la vulnerabilidad de las poblaciones más alejadas de los servicios de salud.

La urbanización rápida juega también un papel ambivalente. Si crea oportunidades, se acompaña de nuevas formas de presión: aislamiento social, ritmo de vida acelerado, exigencia profesional elevada, costo de la vida al alza, y debilitamiento de las solidaridades familiares tradicionales. Para muchos, en particular los jóvenes, esta transformación genera un sentimiento de pérdida de referentes propicio al estrés y a la ansiedad.

La estigmatización cultural sigue siendo un freno muy importante. Los trastornos psíquicos siguen siendo tabúes y aún son percibidos a menudo como un signo de debilidad de carácter o como un problema espiritual. Esta visión empuja a muchas personas a dudar antes de consultar, por miedo a ser juzgadas, lo que retrasa el acceso a los cuidados y agrava los trastornos.


Automedicación y circuito oficioso

En Marruecos, el consumo de psicotrópicos/ansiolíticos no pasa únicamente por las consultas médicas. Una gran parte circula en un espacio turbio, ni totalmente legal, ni totalmente clandestino. Una especie de zona gris.

El sistema marroquí reposa oficialmente sobre un control estricto: los psicotrópicos, a saber, ansiolíticos, antipsicóticos, hipnóticos, antidepresivos, están sujetos a una regulación que impone receta médica, duración limitada y recetas específicas para ciertas clases. Pero si estuviera tan bien atado, este dossier no tendría razón de ser.

En muchos casos, los pacientes disponen de antiguas recetas que presentan regularmente para renovar su tratamiento. Esta práctica, tolerada cuando se trata de una prescripción estable y seguida, se vuelve problemática cuando ningún psiquiatra verifica la evolución clínica.

La farmacia, en Marruecos, juega a veces, a pesar de sí misma, el papel de “centro de triaje”. Los farmacéuticos ven pasar pacientes angustiados, personas en situación de estrés, otras buscando un sueño reparador y familias inquietas por un ser querido. Algunos llegan con recetas válidas, otros no. “Imaginemos que yo niego un medicamento y privo a un paciente de un tratamiento que realmente necesita? Si lo conozco y sé que se hace seguir y por quién, se lo doy, de lo contrario no puedo hacer nada”, nos explica un farmacéutico del barrio Mers Sultan bajo condición de anonimato.

El sistema los coloca en primera línea sin darles las herramientas necesarias.

Pero evidentemente, la automedicación con ansiolíticos no se limita a la compra en farmacia. En muchos hogares, un familiar comparte un comprimido para calmar una angustia o facilitar el sueño. Este fenómeno está bien documentado en los estudios universitarios marroquíes.

Este reparto informal sesga completamente las cifras. También aumenta los riesgos de mal uso: interacciones medicamentosas, ausencia de seguimiento, adaptación inapropiada de las dosis.

Y luego están los circuitos paralelos. Puede tratarse de medicamentos obtenidos sin receta en zonas poco controladas, de ventas de particular a particular a través de las redes sociales, de stocks antiguos revendidos, o de importaciones informales.

Estos circuitos complican el trabajo de los psiquiatras, ya que deben gestionar los efectos de tratamientos que nunca han prescrito, a veces tomados a dosis inadecuadas, luego interrumpidos de manera brutal, tomados con otros medicamentos... todo lo cual podría agravar los síntomas.

Maroc, pays sous anxiolytiques ?

Dans les rues, les foyers, les écoles, les bureaux… Depuis la pandémie, les antidépresseurs progressent à deux chiffres, les anxiolytiques (légaux ou pas) deviennent le « solutionnisme express » d’un pays stressé jusqu’à l’os. Le vrai problème ? Un système de santé mentale sous-financé, sous-régulé, sous-estimé, où la pilule remplace l’écoute. Immersion dans l’épidémie d’un burnout national.

Sabrina El Faiz, lebrief.ma, 13/12/2025

Versión española - النسخة العربية 

Livre de développement personnel sous la main, nous nous rendons chez un psychiatre qui a pignon sur rue à Casablanca. La salle d’attente ressemble à un salon de coiffure un samedi après-midi. Trop de monde, pas assez de chaises. Il est à peine 9h42 et il y a déjà douze personnes. Le psychiatre n’est pas encore là, mais déjà douze urgences sont sur la table. Douze histoires. Douze vies.
Le psychiatre recevra les patients un par un. Il écoutera, notera, expliquera, prescrira parfois. Au Maroc, la souffrance psychique a trouvé son lieu de rendez-vous, faute d’avoir trouvé, pour l’instant, une politique publique à sa hauteur.
Donc pour replacer ce qui se passe dans le pays dans le contexte mondial, il faut regarder les tendances dans les pays comparables.

Au milieu, une femme d’une cinquantaine d’années, serrant le bras d’un jeune homme aux yeux fatigués. Elle parle fort, volontairement fort, comme pour se protéger du malaise ambiant. « C’est mon fils. Il traverse, une mauvaise passe. Le divorce, tout ça. Vous savez ce que c’est ». Elle s’adresse à tout le monde à la fois et à personne en particulier. Pourtant personne ne lui a rien demandé.

Son ton a quelque chose de bravache, comme si parler sans filtre annulait sa honte d’être là.

Un homme en jean mal cintré, debout près de la terrasse, rebondit immédiatement. Il raconte, sans qu’on ne lui demande rien, lui non plus, que sa femme « lui a fait vivre l’enfer ». Il a dû sentir une connexion avec ce jeune homme détruit par le divorce, qui, encore silencieux, démontre clairement son refus d’être là ou de partager quoique soit avec ce nouveau public improvisé.

Aujourd’hui, continue l’homme au jean, elle demande le divorce et la garde des enfants. « Je veux que le docteur la déclare inapte. Vous imaginez ? Elle est folle ! Totalement instable ! »

Silence. On n’ose pas lui dire que ce psychiatre n’a ni vocation ni droit d’attribuer des mentions d’« inaptitude parentale » à une personne absente. Quand il sortira de la consultation, 400 dirhams plus tard, il l’aura peut-être compris. Peut-être.

Un peu plus loin, une autre mère, mais seule. Son sac contient un gros dossier, probablement médical. Elle explique que sa fille de 15 ans traverse une période dangereuse depuis la perte de son père. Elle parle à voix basse. Elle dit simplement que sa fille se fait du mal. Personne ne commente. Tout le monde comprend.

Le regard de l’homme en jean se pose sur un autre jeune homme, comme pour mettre fin au silence gêné et donner la parole à un autre personnage. L’on se croirait dans un remake des alcooliques anonymes.

« Moi je suis juste venu chercher un congé. Je n’en peux plus », dit le jeune homme dans la trentaine. Il sourit, gêné de son propre aveu face aux problèmes qu’il venait d’entendre. Cette phrase, pensait-il sûrement, allègerait l’atmosphère. Mais en réalité, et ceux qui sont déjà passés par là le savent, ce sourire et ce déplacement ne sont pas anodins. L’on voit en lui l’épuisement normalisé de sa chemise froissée, le burn-out qui s’installe sur ses cheveux qui tombent, la dépression qui s’installe sur ce visage qui, hier encore, n’avait que trente ans.

Ce qu’il ignore, c’est que cette démarche qu’il minimise est en réalité la première étape d’une forme d’acceptation, un signe qu’il a déjà franchi la barrière que tant de Marocains, eux, ne franchissent pas.

Car la plupart n’arrivent jamais jusque-là. Ils préfèrent l’automédication, le pharmacien compatissant, l’ordonnance recyclée, le cousin médecin, la boîte « qu’on m’a conseillée ».

Dans un pays où la santé mentale reste trop taboue, trop chère, trop rare… venir s’asseoir ici, dans cette salle pleine à craquer, c’est déjà un acte de courage en soi !

La secrétaire ouvre la porte.

« M. Karim El… ? ». Prénom et nom ! L’anonymat est un mythe dans ce club ! Mais personne ne proteste. Peut-être parce qu’au fond, chacun sait ce que nous avons tous en commun : la fatigue, l’angoisse, le poids du quotidien et cette étrange envie de tenir encore un peu, même si tout autour nous tire vers le bas.

Pourcentage des élèves à avoir déclaré connaître les différentes substances © Rapport MedSPAD 2009-2010

Les urgences voient passer les cas les plus graves : décompensations psychotiques, crises suicidaires, épisodes maniaques aigus… Les équipes sont formées, mais leur charge de travail reste élevée. Les urgences n’ont pas vocation à assurer le suivi, mais elles deviennent parfois le point d’entrée, ou le point de retour, des patients.

Anxiolytiques : ce que racontent les chiffres

Si le burnout est relativement ancré dans le vocabulaire des Marocains, la psychiatrie ne l’est pas forcément. Nul ne peut rien affirmer et pour cause, l’accès aux données fiables reste un parcours du combattant. Le pays n’a pas de registre national consolidé de consommation d’anxiolytiques, pas de base publique qui permette d’aller ligne par ligne dans les volumes écoulés, pas d’actualisation annuelle de la prévalence des troubles psychiatriques. Il faut donc jouer avec les sources institutionnelles, les rapports internationaux, les publications universitaires et les données consolidées par l’OMS. De quoi choper un autre burnout !

Toute plaisanterie mise à part, selon une enquête nationale du Conseil économique, social et environnemental (CESE), datant de 2022, plus de 48% des personnes âgées de 15 ans et plus, ont déjà souffert ou souffrent encore de symptômes de troubles psychiques, présentaient des symptômes anxieux ou dépressifs modérés. Le chiffre a beaucoup circulé et prouve au moins que la détresse psychique est massive, encore plus suite à la pandémie.

« Ce phénomène n’est pas propre au Maroc. Dans plusieurs pays où des études ont été menées, on a observé une augmentation de la consommation de psychotropes depuis la période Covid », explique Abdelmajid Belaiche, expert du marché pharmaceutique et ex-DG de l’AMIP, à LeBrief. Les spécialistes savent que ces données ne sont pas une anomalie.

« Et c’est assez logique : pendant le confinement, des couples qui vivaient déjà des tensions se sont retrouvés enfermés ensemble, sans échappatoire possible. Plus de café dehors, plus de sorties, plus de visites chez des proches… Le Covid a enfermé des gens qui n’avaient pas forcément les ressources psychiques pour supporter cette proximité permanente », poursuit le spécialiste pharmaceutique. « Ajoutez à cela la perte d’emploi, l’impossibilité de sortir, et l’angoisse permanente de ne pas savoir contre quoi on se bat. Sans savoir si l’on va s’en sortir. Tout cela a eu un impact psychologique énorme ».

Le choc du Covid a été abondamment étudié. Les données marocaines collectées auprès des soignants et publiées dans L’Encéphale montrent que près de la moitié du personnel de santé présentait des symptômes anxieux ou dépressifs modérés à sévères durant la pandémie. Ces chiffres ne concernaient pas la population générale, mais il est évident qu’ils reflétaient le climat global d’insécurité et de désarroi.

Des revues internationales, notamment BMJ Global Health, indiquent que la pandémie a provoqué dans les pays à revenu intermédiaire une augmentation des troubles anxieux allant de 25% à 30%. Le Maroc n’a pas publié sa propre estimation, mais l’OMS a intégré le pays dans ses projections régionales.

Les ventes d’anxiolytiques

Les données compilées par IQVIA en 2022 montrent une hausse continue des antidépresseurs, une progression importante des antipsychotiques ainsi qu’une stabilité trompeuse des anxiolytiques, où l’automédication et le marché informel biaisent complètement les chiffres.

« Le marché des médicaments psychiatriques explose réellement. Nous le constatons tous. L’arrivée des nouvelles molécules, qu’il s’agisse des antidépresseurs ou des antipsychotiques, a complètement changé la donne », détaille Abdelmajid Belaiche.

IQVIA ne publie pas les volumes exacts pays par pays (ou du moins pas en accès libre au grand public), mais les tendances régionales montrent que l’Afrique du Nord suit la dynamique des pays à revenu intermédiaire avec une accélération des prescriptions d’anxiolytiques qui devraient enregistrer une croissance de 2 à 5% jusqu’en 2026, un rythme similaire à celui des cinq dernières années.

« La hausse de la consommation de psychotropes au Maroc s’explique par plusieurs facteurs qui se croisent. D’abord, l’impact de la pandémie de Covid-19 : le stress collectif, l’isolement, les incertitudes et les bouleversements socio-économiques ont entraîné une augmentation des symptômes anxieux et dépressifs. Cela s’est traduit par davantage de demandes de soins… et donc par une hausse mécanique des prescriptions.

On observe également davantage de poly-prescriptions et un recours à des traitements médicamenteux initiés sans intégrer systématiquement des approches non médicamenteuses comme la psychothérapie ou l’accompagnement psychosocial.

Les campagnes de sensibilisation, notamment via les réseaux sociaux, ont, de leur côté, permis une meilleure reconnaissance des troubles psychiques, encourageant plus de personnes à consulter. Cette dynamique est particulièrement visible chez les adolescents, les jeunes adultes et les femmes, dont les taux de prescription augmentent et reflètent à la fois des transitions de vie complexes et un meilleur dépistage.

Enfin, le contexte socio-économique joue un rôle important : chômage, précarité, pression scolaire ou professionnelle fragilisent la santé mentale et favorisent les consultations. A l’échelle internationale, la tendance post-2020 est similaire : dans plusieurs pays, la consommation de psychotropes a progressé, notamment chez les jeunes, en raison d’un « rattrapage diagnostique » et d’un contexte post-Covid marqué. Cela éclaire des dynamiques comparables au Maroc », explique Dr Malki Zahira, psychiatre et addictologue.

S’il y a une hausse des demandes de consultations pour troubles anxieux et dépressifs, il y a aussi une augmentation de l’usage de psychotropes dans des contextes non spécialisés et saturation progressive des structures publiques.

Malheureusement, les hôpitaux publics n’ont pas tous un logiciel unique, les psychiatres libéraux notent encore à la main et les pharmacies ne remontent pas automatiquement la consommation de médicaments contrôlés. Donc, on ne peut réellement rien savoir de la consommation de psychotropes au Maroc.

Un rapport du Lancet Psychiatry de 2021 montre que les pays à revenu intermédiaire sont ceux où la consommation de psychotropes augmente le plus vite depuis 2010. Trois raisons principales sont identifiées avec une meilleure identification des troubles, une baisse progressive du tabou et une absence d’alternatives thérapeutiques, notamment psychothérapeutiques. Ces trois éléments collent parfaitement au cas marocain.

L’étude souligne aussi un phénomène que les psychiatres marocains confirment avec l’augmentation des prescriptions chez les jeunes adultes. « Les médecins les prescrivent largement. Face à ces nouveautés, les anciennes générations d’antipsychotiques sont devenues marginales, presque plus utilisables. C’est simplement la dynamique normale d’un marché qui évolue », analyse Belaiche.

Cela s’explique aussi par la précarité économique, la pression sociale, la digitalisation des interactions et un accès très limité aux services psychologiques dans les établissements scolaires et universitaires.

L’effet « première consultation »

La « première fois » tardive. Les patients arrivent dans les cabinets après des années de symptômes, souvent lorsque les troubles deviennent incompatibles avec le travail ou avec la vie familiale.

Sans parler des généralistes qui deviennent des prescripteurs de première ligne. La consommation augmente plus vite que la capacité des psychiatres à absorber la demande.

Le Maroc fait face à un autre problème souvent absent des chiffres officiels, celui de l’automédication psychotrope. Les anxiolytiques en particulier sont facilement détournés, délivrés parfois sans ordonnance en ligne, ou circulent dans des réseaux familiaux, communautaires ou clandestins.

Plusieurs études universitaires soulignent une forte prévalence d’usage non médical d’anxiolytiques chez les jeunes adultes, en particulier dans les milieux urbains, détaille le rapport MedSPAD 2009-2010 « Usage de drogues en milieu scolaire marocain ». Ces travaux évoquent l’usage de benzodiazépines pour gérer le stress, le sommeil ou les crises d’angoisse, sans suivi médical. Ca fausse littéralement toutes les statistiques.

« Au-delà de cette hausse conjoncturelle liée au Covid, le marché continue de se développer à un rythme impressionnant. Les antipsychotiques et les antidépresseurs sont en pleine croissance. Les tranquillisants, eux, déclinent. Les benzodiazépines, Valium, Lexomil et autres, sont addictogènes. C’est leur principal défaut. Ils sont dépassés. On se tourne aujourd’hui vers des molécules plus récentes. Les hypnotiques, utilisés pour les troubles du sommeil, restent relativement stables, mais c’est un petit marché. Les vrais marchés qui progressent fortement, ce sont les antipsychotiques et les antidépresseurs. Et ce sont les génériques qui portent cette croissance, car ils constituent l’essentiel de l’offre », explique Abdelmajid Belaiche à LeBrief.

Un système sous tension

Les psychiatres marocains ne sont pas nombreux. « Le nombre de psychiatres au Maroc a augmenté. Cela reste insuffisant pour un pays de cette taille, mais la progression est réelle. Et leur activité ne désemplit pas. Obtenir un rendez-vous est devenu un parcours du combattant : les salles d’attente sont pleines du matin au soir. C’est la preuve de la demande », déclare Belaiche. En 2019, selon Dr Hachem Tyal, le Maroc ne comptait que 400 psychiatres en exercice [=1 pour 100.000 habitants]. En comparaison, la moyenne européenne tourne autour de 10 à 15 pour 100.000 habitants. Cette disproportion résume à elle seule les difficultés d’accès aux soins psychiques dans le pays. Le système est sous-dimensionné, mal réparti et confronté à une demande croissante.

Le Maroc dispose d’une vingtaine d’établissements publics spécialisés en psychiatrie, mais leur capacité d’accueil est limitée. Les hôpitaux généraux possèdent quelques unités, souvent saturées. Les hôpitaux publics absorbent une grande partie des cas complexes : troubles psychotiques sévères, hospitalisations sous contrainte, patients sans ressources. Mais ces structures travaillent à flux tendu, souvent sans moyens suffisants. Les psychiatres hospitaliers doivent gérer des dizaines de consultations par jour, avec très peu de temps pour assurer un suivi psychothérapeutique.

En gros le schéma est simple : Trop de patients, trop peu de médecins, un système d’accueil qui repose sur l’urgence plutôt que sur la prévention.

Les suivis psychothérapeutiques deviennent presque impossibles, la médication prend donc souvent le dessus, faute de temps, faute de psychologues intégrés au système, faute de structures alternatives.

Par ailleurs, la psychiatrie libérale se développe dans les grandes villes, mais elle reste inaccessible pour une partie importante de la population. Une consultation varie entre 300 et 500 dirhams dans les centres urbains. Ce prix ne concerne que l’acte initial. Le suivi, les contrôles, les ajustements médicamenteux, tout cela représente un coût pour les familles.

Aussi, les psychiatres sont concentrés à Casablanca, Rabat, Marrakech, Tanger et Fès. La région de l’Oriental, le Sud et plusieurs provinces rurales sont quasi dépourvues de spécialistes. Ce constat pousse les citoyens à consulter d’abord un généraliste, souvent par défaut, avant d’être orientés ou non vers un spécialiste.

Faute de psychiatres, les médecins généralistes deviennent les premiers prescripteurs d’anxiolytiques, comme expliqué plus tôt. Ce n’est pas toujours problématique, dans de nombreux pays, ils sont formés à gérer les troubles anxieux légers ou modérés, mais la charge de travail et le manque de formation spécialisée peuvent engendrer des prescriptions rapides, parfois sans évaluation psychologique approfondie. « La prescription de psychotropes ne relève plus uniquement des psychiatres. Elle est aujourd’hui largement partagée avec les médecins généralistes, qui peuvent parfois présenter des lacunes en matière de santé mentale. Cette situation contribue à une consommation plus élevée, mais aussi à une certaine banalisation, notamment autour des benzodiazépines souvent prescrites sur de longues durées », nous confirme Dr Malki Zahira.

L’analyse de 41 études dans la revue Frontiers montre que les antidépresseurs sont prescrits majoritairement par des psychiatres, mais aussi par d’autres catégories de prescripteurs, ce qui peut refléter des différences dans les pratiques cliniques selon les systèmes de soins.

Violence conjugale, chômage, précarité : les amplificateurs

Il y a une forte corrélation entre violence conjugale et symptômes dépressifs chez les femmes. Les conditions de travail, le chômage, la pression financière et les situations familiales instables alimentent la demande de soins psychiques.

L’étude « Study of sociodemographic profile and the prevalence of psychiatric disorders in women victims of violence by intimate partners consulting at Casablanca university hospital » démontre que l’âge des victimes varie de 20 à 62 ans, avec une moyenne de 35,14 ans. Elle révèle également que 54% des femmes concernées sont des femmes au foyer, dont 80% gagnent moins que le SMIG. Par ailleurs, 42% disposent d’un niveau d’instruction secondaire. La grande majorité est mariée (94%) et a en moyenne 2,02 enfants.

Toutes les patientes ont été exposées à des violences psychologiques et physiques, tandis que 82% ont subi des violences économiques. Près de la moitié rapporte aussi des violences sexuelles. Sur le plan clinique, l’étude met en évidence une prévalence très élevée d’épisodes dépressifs majeurs (88%), les troubles anxieux constituant la deuxième comorbidité psychiatrique la plus fréquente.

Le système psychiatrique, déjà saturé, ne peut pas répondre à ces causes structurelles. Il intervient en bout de chaîne, parfois trop tard.

Selon Dr Malki Zahira, plusieurs facteurs sociétaux convergent aujourd’hui pour alimenter la détresse psychologique au Maroc. Les pressions économiques arrivent clairement en tête : les études montrent qu’un statut socio-économique faible, la précarité ou le chômage augmentent fortement le risque de dépression et d’anxiété. Dans un pays où une grande partie de la population vit dans une instabilité financière chronique, ce stress permanent se transforme souvent en détresse psychique durable.

S’y ajoutent des inégalités sociales et territoriales marquées. L’accès aux soins de santé mentale demeure très limité, notamment en zones rurales, où la densité de psychiatres reste extrêmement faible. Ce manque de ressources retarde la prise en charge et accroît la vulnérabilité des populations les plus éloignées des services de santé.

L’urbanisation rapide joue également un rôle ambivalent. Si elle crée des opportunités, elle s’accompagne de nouvelles formes de pression : isolement social, rythme de vie accéléré, exigence professionnelle élevée, coût de la vie en hausse, et affaiblissement des solidarités familiales traditionnelles. Pour beaucoup, en particulier les jeunes, cette transformation génère un sentiment de perte de repères propice au stress et à l’anxiété.

La stigmatisation culturelle reste un frein très important. Les troubles psychiques demeurent tabous et sont encore souvent perçus comme un signe de faiblesse de caractère ou comme un problème spirituel. Cette vision pousse de nombreuses personnes à hésiter avant de consulter, de peur d’être jugées, ce qui retarde l’accès aux soins et aggrave les troubles.

Automédication et circuit officieux

Au Maroc, la consommation de psychotropes/anxiolytiques ne passe pas uniquement par les cabinets médicaux. Une grande partie circule dans un espace trouble, ni totalement légal, ni totalement clandestin. Une sorte de zone floue.

Le système marocain repose officiellement sur un contrôle strict, les psychotropes à savoir les anxiolytiques, antipsychotiques, hypnotiques, antidépresseurs, relèvent d’une réglementation qui impose prescription médicale, durée limitée et ordonnances spécifiques pour certaines classes. Mais si cela était aussi ficelé, ce dossier n’aurait pas lieu d’être.

Dans de nombreux cas, les patients disposent d’anciennes ordonnances qu’ils présentent régulièrement pour renouveler leur traitement. Cette pratique, tolérée lorsqu’elle concerne une prescription stable et suivie, devient problématique lorsqu’aucun psychiatre ne vérifie pas l’évolution clinique.

La pharmacie, au Maroc, joue parfois malgré elle le rôle de « centre de tri ». Les pharmaciens voient passer des patients angoissés, des personnes en situation de stress, d’autres cherchant un sommeil réparateur et des familles inquiètes pour un proche. Certains arrivent avec des ordonnances valides, d’autres non. « Imaginons que je refuse un médicament et que je prive un patient d’un traitement dont il a réellement besoin ? Si je le connais et que je sais qu’il se fait suivre et par qui, je lui donne, autrement je ne peux rien faire », nous explique un pharmacien du quartier Mers Sultan sous couvert d’anonymat.

Le système les place en première ligne sans leur donner les outils nécessaires.

Mais évidemment l’automédication en anxiolytiques ne se limite pas à l’achat en pharmacie. Dans de nombreux foyers, un proche partage un comprimé pour calmer une angoisse ou faciliter le sommeil. Ce phénomène est bien documenté dans les études universitaires marocaines.

Ce partage informel biaise complètement les chiffres. Il augmente aussi les risques de mauvais usage : interactions médicamenteuses, absence de suivi, adaptation inappropriée des doses.

Et puis il y a les circuits parallèles. Il peut s’agir de médicaments obtenus sans ordonnance dans des zones peu contrôlées, de ventes de particulier à particulier via les réseaux sociaux, de stocks anciens revendus, ou encore d’importations informelles.

Ces circuits compliquent le travail des psychiatres, puisqu’ils doivent gérer les effets de traitements qu’ils n’ont jamais prescrits, parfois pris à des doses inadaptées, puis stoppés de manière brutale, pris avec d’autres médicaments… tout autant de choses qui pourraient aggraver les symptômes.

samedi 20 décembre 2025

CAN 2025 : le modèle économique derrière le spectacle

Quelques heures avant le coup d’envoi de la Coupe d’Afrique des Nations 2025 ! Le Maroc s’est mis au rythme et aux couleurs du football continental. Drapeaux, couleurs, annonces, logistique, tout y est et tout est sorti de terre en un rien de temps. Ça doit coûter cher tout ça non ? Comment se finance un tel événement sportif à l’échelle d’un pays ?

 Sabrina El Faiz, lebrief.ma, 20/12/2025

À Rabat, les drapeaux ont poussé comme des champignons. Vert, rouge, jaune, parfois bleu avec une pointe de noir, ils se hissent près des lampadaires, planent au-dessus des trottoirs, se suspendent aux façades administratives. Le tramway a fait peau neuve aussi. Plus beau que jamais sur ses rames, des slogans à la gloire de la CAN rappellent aux voyageurs que le compte à rebours est lancé. À chaque station, on comprend que l’Afrique et le monde auront les yeux rivés sur le Maroc.


Même son de cloche à Casablanca. Devant la gare Casa Voyageurs, les taxis rouges sont décorés d’autocollants aux couleurs de la CAN. Certains chauffeurs ont mis un petit drapeau sur le tableau de bord. Du marketing et du nationalisme, le tout en un ! Dans les cafés du centre-ville, les écrans repassent déjà des images d’anciennes éditions, les discussions vont bon train entre pronostics sportifs et préoccupations plus prosaïques entre les billets, déplacements, prix des hôtels… On s’insurge face à la hausse des prix, comme si les Casablancais allaient louer une chambre d’hôtel dans leur propre ville.

 

À Marrakech, l’agitation arrive autour des grands axes, les banderoles officielles se mêlent aux affiches touristiques. La ville ocre n’en est pas à son premier coup d’essai. Après la COP 22, le FMI, les très nombreux congrès, Marrakech a l’habitude de se plier en quatre pour ses invités. Les hôtels se préparent, les compagnies de transport révisent leurs horaires, les guides touristiques attendent les touristes de tout le continent. On sent qu’il se passe quelque chose !

 

Et pour en arriver là, des mois de préparation, de coordination entre ministères, collectivités locales, établissements publics et organisateurs sportifs. Et dire qu’il y a encore quelques jours, l’on se demandait s’il se passait réellement quelque chose. La CAN mobilise des villes entières, redessine provisoirement l’espace public, impose un rythme spécifique aux transports, à la sécurité, aux services urbains… Le pays hôte vit quelques semaines au rythme d’un événement continental.

 

C’est beau toutes ces couleurs, vraiment. Mais comment faisons-nous pour payer tout ça ? Organiser une CAN, et encore plus à l’échelle prévue pour 2025, implique des investissements massifs pour les rénovations et constructions de stades, les infrastructures urbaines, les dispositifs de sécurité, la logistique, la communication… et on passe. Autant de postes qui, additionnés, forment une enveloppe globale difficile à appréhender dans son ensemble.

 

À l’inverse d’un événement ponctuel financé par une seule ligne budgétaire, la CAN s’insère dans un réseau de projets préexistants, accélérés ou remodelés pour les besoins de la compétition. Un stade rénové par-ci, une voirie réhabilitée par-là, un équipement de transport modernisé… Officiellement, tout n’est pas lié à la CAN. Officieusement, l’événement sert de catalyseur, débloquant des chantiers parfois en suspens depuis des années. Un grand bonjour à la gare de Rabat Ville au passage !

 

Les montants annoncés publiquement donnent des ordres de grandeur mais ne rendent pas compte de toutes les dépenses directes et indirectes. S’ajoute à cela la difficulté de séparer ce qui relève de l’événement sportif de ce qui relève de politiques publiques plus générales (infrastructures, développement urbain). L’on peut donc avancer qu’il s’agit d’un modèle de financement hybride, entre fonds publics, partenariats privés et revenus propres (droits de diffusion, billetterie…). Un modèle qui marche à l’échelle continentale, sous la houlette de la Confédération africaine de football.

 

À l’approche de la date, ces questions prennent de l’ampleur. Non pas pour contester l’événement en lui-même, non il s’agit d’une véritable vitrine sportive et diplomatique, mais pour essayer d’en décrypter les enjeux économiques. À quoi sert une CAN, au-delà du spectacle ? Quels résultats espérer, à court et à long terme ? Et comment mesurer, a posteriori, un événement dont les retombées, positives ou négatives, se répandent bien au-delà du coup de sifflet final ?

C’est ce match-là que nous avons envie de décrypter.

Can 2025 : un budget global difficile à définir

 

Il n’y a pas encore de bilan conducteur avec un budget consolidé et final de la CAN 2025 au Maroc. Aucun document ne rassemble, dans une seule enveloppe, toutes les dépenses réalisées pour l’événement. Les chiffres annoncés sont plutôt des estimations globales, agrégées à partir de projets séparés, menés par différents acteurs publics.

 

Les chiffres qui circulent dans l’espace public tournent autour de 20 milliards de dirhams, un ordre de grandeur souvent repris par les médias. Ce montant comprend essentiellement les dépenses d’infrastructures sportives (rénovation de stades existants et construction de nouveaux stades) et d’aménagements connexes nécessaires à l’accueil de la compétition.

 

Cette non consolidation est due à la nature de l’événement, évidemment. Une CAN ne se finance pas comme un seul projet isolé. Elle intègre plusieurs politiques publiques déjà mises en œuvre (équipements sportifs, urbanisme, mobilité). Plusieurs chantiers engagés ou accélérés à l’occasion de la compétition étaient initialement prévus dans des programmations détachées du calendrier sportif.

 

La plupart des dépenses de la CAN 2025 s’étale sur plusieurs exercices budgétaires. Les chantiers de rénovation de stades, par exemple, ont été lancés avant même l’annonce de l’attribution de la compétition, puis adaptés aux normes de la Confédération africaine de football. Ces modifications ont parfois conduit à des révisions de coûts, sans que celles-ci soient toujours justifiées comme étant dues à la CAN elle-même.

 

Les projets d’infrastructures de transport obéissent à la même logique. L’amélioration de certaines routes, la modernisation d’axes urbains ou l’adaptation de réseaux de transport public sont officiellement motivées par des objectifs de mobilité à long terme. Leur lien avec l’événement sportif est bien présent, mais pas toujours quantifié séparément.

 

A cela s’ajoute la variété des maîtres d’ouvrage. Les ministères, les collectivités territoriales, les établissements publics, certaines sociétés d’aménagement agissent chacun dans leur champ, avec leurs budgets, leurs calendriers. Cette division rend difficile toute addition exacte.

 

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