jeudi 29 janvier 2026

La sardina, o el punto ciego del neocolonialismo pesquero en Marruecos y el Sáhara Occidental

SOLIDMAR, 29-1-026

Marruecos proporciona el mar, el Sáhara Occidental proporciona el recurso, Europa capta el valor — y el derecho internacional se queda en el muelle

Paradoja reveladora de la globalización contemporánea: mientras que la sardina es uno de los peces más consumidos del mundo, su recorrido sigue siendo en gran medida invisible. En Marruecos —primer exportador mundial de sardinas en conserva— esta invisibilidad es cualquier cosa menos neutral. Oculta una cadena de explotación donde confluyen la sobreexplotación de los recursos, la evasión del derecho internacional y la captura de valor en beneficio de mercados exteriores, en particular europeos. El Sáhara Occidental es su epicentro silencioso.

Una decisión económica reveladora: la suspensión de las exportaciones de sardinas congeladas

A partir del 1 de febrero de 2026, Marruecos ha decidido suspender las exportaciones de sardinas congeladas (que representan como máximo el 10% de las sardinas exportadas), oficialmente para proteger el abastecimiento del mercado interno y contener la subida de precios. Esta decisión, presentada como técnica y coyuntural, es en realidad el síntoma de una crisis más profunda.

Las capturas de sardina han disminuido considerablemente en los últimos años, debido a la combinación de la presión industrial, la variabilidad climática y la sobreexplotación de las poblaciones. Ahora bien, la sardina no es solo un producto de exportación: constituye una proteína básica para las clases populares marroquíes. Por lo tanto, la suspensión de las exportaciones congeladas pretende arbitrar, tardíamente, entre el mercado mundial y la seguridad alimentaria nacional.

Pero esta medida no afecta al núcleo del sistema: las exportaciones de sardinas en conserva, que superan las 150.000 toneladas anuales, continúan. En otras palabras, la sardina sigue saliendo masivamente del país, siempre que sea transformada y valorizada para la exportación. La jerarquía es clara: el mercado mundial tiene prioridad, siempre que el valor añadido sea suficiente.

El Sáhara Occidental: corazón pesquero, zona de no derecho

Esta contradicción se explica por un hecho central: la mayoría de las sardinas industriales marroquíes se pesca en las aguas adyacentes al Sáhara Occidental. El Aaiún y Dajla se han convertido, en dos décadas, en polos pesqueros importantes, concentrando capturas, unidades de congelación, conserverías y fábricas de harina de pescado.

Ahora bien, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo a la luz del derecho internacional, cuyo pueblo nunca ha ejercido su derecho a la autodeterminación. Legalmente, sus recursos naturales —tanto terrestres como marítimos— no pueden ser explotados sin el consentimiento libre e informado del pueblo saharaui. Este consentimiento nunca se ha obtenido.

Es precisamente en este punto donde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha fallado en varias ocasiones. Al invalidar la aplicación de los acuerdos de pesca y agrícolas UE-Marruecos al Sáhara Occidental, el Tribunal ha recordado un principio simple: el Sáhara Occidental no es Marruecos. En consecuencia, el acuerdo de pesca UE-Marruecos, cuyo último protocolo expiró en julio de 2023, está hoy suspendido de facto y jurídicamente debilitado.

Ante esta situación, la UE ha decidido reactivar el expediente:

  • En noviembre de 2025, la Comisión Europea presentó un mandato de negociación a los Estados miembros de la UE para iniciar nuevas conversaciones con Marruecos con vistas a un nuevo acuerdo de pesca.
  • En enero de 2026, los embajadores de los Estados miembros dieron su visto bueno a la Comisión para abrir oficialmente estas negociaciones con Rabat.
  • Las primeras negociaciones técnicas están previstas para comenzar en febrero de 2026 en Rabat, con el objetivo de llegar a un acuerdo de principio para el tercer trimestre de 2026.

El nuevo acuerdo en discusión pretende integrar requisitos reforzados en materia de sostenibilidad, control y conformidad con la jurisprudencia europea (especialmente sobre el Sáhara Occidental). Existe dentro de la UE cierta tensión entre los Estados favorables a un acuerdo rápido (España, Portugal —los más afectados por la suspensión de los acuerdos—) y los Estados más reservados (Irlanda, países nórdicos).

Las flotas europeas han abandonado la zona. Pero el pescado sigue llegando a los mercados europeos —transformado en Marruecos, etiquetado como marroquí, integrado en las cadenas comerciales sin mención de su origen real. El derecho se respeta formalmente, se evita materialmente.


El neocolonialismo pesquero: una dominación sin bandera

Es aquí donde la sardina se convierte en un objeto político. El sistema pesquero marroquí —y más aún el saharaui— responde a un neocolonialismo sin administración colonial directa, pero basado en mecanismos económicos perfectamente ensayados.

El recurso es local, la mano de obra es local, los impactos ecológicos son locales. Pero las marcas son extranjeras, los precios se fijan en los mercados internacionales, el valor añadido final se capta fuera del territorio, las decisiones estratégicas escapan a las poblaciones concernidas.

Las conserverías del sur de Marruecos y del Sáhara Occidental, a menudo legalmente marroquíes, funcionan como eslabones subalternos de cadenas de valor dominadas por Europa. Producen para marcas invisibles, distribuidores internacionales, etiquetas privadas. Existe industrialización, pero sin soberanía económica.

El relato del “desarrollo” oculta una realidad más brutal: se trata de una industrialización extractiva, donde el empleo apenas compensa la desposesión, y donde el agotamiento del recurso prepara una crisis social y ecológica a medio plazo.

Una crisis reveladora de un modelo agotado

La suspensión de las exportaciones de sardinas congeladas, la suspensión del acuerdo de pesca UE-Marruecos, la escasez del recurso: todo converge hacia una misma constatación, a saber: el modelo pesquero actual es insostenible.

Es insostenible ecológicamente, porque se basa en una presión excesiva sobre las reservas pesqueras. Es insostenible socialmente, porque pone en competencia a las poblaciones locales y los mercados mundiales. Es insostenible jurídicamente, porque se basa en una explotación cuestionada de un territorio no autónomo. Es insostenible políticamente, porque prolonga una lógica colonial bajo la apariencia de comercio internacional.

La sardina como revelador político

La sardina no es un detalle. Es un revelador.
Revelador de una economía globalizada capaz de eludir el derecho mientras lo invoca. Revelador de una relación Norte-Sur aún estructurada por la extracción y la dependencia. Revelador, finalmente, del callejón sin salida de un desarrollo que ignora la soberanía de los pueblos sobre sus recursos.

Mientras la sardina del Sáhara Occidental pueda ser pescada sin consentimiento, transformada sin transparencia y consumida sin cuestionamiento, el neocolonialismo pesquero no solo seguirá siendo posible, sino rentable.

Y es precisamente por eso que merece ser nombrado.

 

 

 

 

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